Soledad Sánchez Higuera (Centro veterinario Colmillos y Garras). Madrid; Rosa Tejada Rascón (Centro veterinario Perros y Gatos. Ciudad Real
Jornada: Uso de la Fitoterapia como herramienta terapéutica en la salud animal
La microbiota intestinal desempeña un papel fundamental en la salud global del organismo, participando activamente en procesos metabólicos, inmunológicos, endocrinos y neurológicos. En los últimos años, el estudio del eje intestino-cerebro ha permitido comprender cómo las alteraciones en la composición y funcionalidad de la microbiota pueden influir directamente en el comportamiento, la cognición y el desarrollo de múltiples patologías crónicas.
En medicina veterinaria, existe un interés creciente por estrategias terapéuticas integrativas que permitan abordar al paciente desde una perspectiva más global, actuando no solo sobre los síntomas, sino también sobre los mecanismos fisiopatológicos subyacentes. En este contexto, la combinación de fitoterapia con prebióticos, probióticos y postbióticos representa una herramienta de gran valor terapéutico.
Los prebióticos favorecen selectivamente el crecimiento de microorganismos beneficiosos, los probióticos contribuyen a restaurar el equilibrio microbiano y los postbióticos aportan metabolitos bioactivos capaces de modular la respuesta inmune, reducir la inflamación y mejorar la integridad de la barrera intestinal. Su uso combinado con plantas medicinales adecuadas a cada patología permite potenciar efectos antiinflamatorios, antioxidantes, neuromoduladores y adaptógenos.
Esta sinergia terapéutica resulta especialmente relevante en patologías complejas y multifactoriales como el síndrome de disfunción cognitiva, donde la neuroinflamación y el estrés oxidativo desempeñan un papel clave; en cuadros de estrés y ansiedad, en los que la disbiosis intestinal puede alterar la producción de neurotransmisores; y en procesos de inflamación crónica, donde la microbiota influye directamente en la regulación inmunológica.
Asimismo, su aplicación resulta de gran interés en pacientes con síndrome metabólico, debido a la estrecha relación entre disbiosis, resistencia a la insulina y estado inflamatorio sistémico, así como en trastornos digestivos, donde la alteración del ecosistema intestinal suele constituir un factor central en la perpetuación de los síntomas.


